La dieta

Todo empezó cuando Ignacio se levantó muy demacrado. Con los días fue perdiendo peso y se volvió irascible. Comenzamos a preocuparnos por su salud, pero no había forma de dirigirle la palabra.
Un día, por error, lo descubrí comiéndose las hojas del libro que le había regalado su novia. Uno de no sé qué cosa con Ángeles que acababa de salir. Se lo llevaba a todas partes escondido siempre entre el periódico.
Al principio creí que se trataba de otras de sus excentricidades hasta que volví a sorprenderlo arrancando las hojas de otro libro del estilo, también regalado por su novia, y encontré la cobertura del anterior, como si fuera el esqueleto de un animal venenoso, debajo de su cama.
Cuando empezó con las náuseas y ya no pudo levantarse, llamamos al doctor sin su consentimiento, y nos importó poco que pudiera enojarse con nosotros. Nuestra opinión también vale. Eso sí, no le dijimos nada a la novia.
A penas llegó el doctor, le conté lo que había pasado y le enseñé los huesos del animal venenoso. ¿Cuántos fueron?, me preguntó con esa frialdad característica de los médicos. Este solo, le dije, aunque intentó con otro similar y fue cuando se puso mal del todo. Entiendo, respondió, y se fue a la habitación a revisarlo.
Al salir me aseguró que en unos días estaría recuperado, pero que tendría que seguir una dieta muy estricta. Vaya inmediatamente a conseguir El extranjero de Camus y Mientras Agonizo de Faulkner. Estos nunca fallan.

2 comentarios:

  1. menos mal no le dio por comerse revistas... horoscopos, ultimas tendencias de moda!!

    gracias por invitarme a tu blog. Disculpa la tardanza.
    te invito a dar una vueltecita por el mio

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  2. Hola Samanta, se me quedó tu link perdido, pero eso ya lo tengo solucionado, hermosa. Me pasaré a menudo por aquí, apenas enlace tu blog. Un abrazo y Feliz Navidad.

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